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Fashion Morriña

Article 16.04.19
Raquel Fernández

Fashion editor, and «It girl»

Redactora de moda, y una «It girl» en toda regla.

Tengo la suerte de venir de un lugar del mundo en el que el concepto morriña se usa con naturalidad.

I’m lucky enough to tell that I came from a place in the world where we use the word morriña naturally.

Tengo la suerte de venir de un lugar del mundo en el que el concepto morriña se usa con naturalidad. Digo naturalidad porque no creo que puedas aplicar con propiedad palabras como duende, hygge, o saudade si no eres del sur de España, de un país escandinavo o de Portugal. Morriña, para los no iniciados, es una manera muy particular de extrañar un sitio o a una persona. Lo mejor no es la mueca de peniña que adopta la cara al pronunciarla, sino que implica echar de menos desde el cariño y la esperanza. Sentir morriña reconforta porque sabes que puedes volver. Sentir morriña reconforta porque aunque no puedas volver, el objeto de tu anhelo vive de alguna manera dentro de ti para siempre. En resumen: los que somos de esa parte de la Península crecemos sabiendo que la pena por lo que está lejos tiene algo de dulce y esperanzador. La cuestión es que yo también siento nostalgia por los días en que poníamos tilde donde hay que ponerla, los suelos de mosaico de mármol, las campañas con Daria Werbowy y las colecciones inteligentes. Yo también siento nostalgia por los días de Phoebe Philo en Céline. Pero ya está bien. Que dejen de buscarle un sustituto en cada esquina. La gota que ha colmado el vaso es un artículo de Los Angeles Times titulado In search of the next Phoebe Philo. Con todos mis respetos y con permiso de Madonna, teniendo en cuenta los ríos de tinta y posts de Instagram que han corrido en los últimos meses, habría sido más acertado titularlo “Desperately Seekeng Phoebe”.

I’m lucky enough to tell that I came from a place in the world where we use the word “morriña” naturally. And I say naturally because you can’t properly use terms like duende, hygge or saudade if you aren’t born sameplace in the south of Spain, a Scandinavian country or Portugal. Morriña, for the uninitiated, is a particular way of missing a location or a human being. The face acquires a cute expression when it’s pronounced, but that’s not the best part. The best part is that it implies a hopeful and loving way of longing. Feeling morriña is quite comforting because you know that you can always come back. Feeling morriña comforts because, even if you can’t ever come back, you know that the thing you’re missing will live inside of you forever. Long story short: those who came from that part of the Península, we grow up being aware that the sadness for what’s far away or what’s lost always have something tender and optimistic about it. The thing is that I am nostalgic regarding the good old days when we put the accent mark where it belongs, the marble floors, the campaings starring Daria Werbowy and the smart collections. I feel terribly nostalgic about the Phoebe Philo’s days at Céline. But I’ve had enough. People need to stop looking for her replacerment. The last straw has been an article published in Los Angeles Times titled In the search of the next Phoebe Philo. With all due respect and with no intent to hurt Madonna’s feeling, Desperately Seeking Phoebe would have been a better fit.

Es curioso que se esté dando este fenómeno en una industria tan acostumbrada no solo al cambio, sino a lidiar con una forma irreal del tiempo. La primera parte es sencilla de entender porque consiste en el clásico “fuera lo viejo, dentro lo nuevo”. La segunda se puede reducir a la idea de vivir constantemente con un pie en una temporada y el otro en la siguiente, por no hablar de los continuos ir y venir de las estéticas de otras décadas porque la moda, a nadie se le escapa, se alimenta en muchos casos precisamente de nostalgia. ¿Por qué se empeñan entonces en dar con el nuevo viejo Céline como hubiese premio para quien lo encuentre?

It’s curious that the phenomenon is taking place precisely in the fashion industry, because it is supposed to be as used to changes as to an irreal pace of the time. First part is easy to understand: “out with the old, in with the new”. The second one is related to its hability to live with one foot in the current season and the other in the next. We are not done here: you still have to sum to the equation the everlasting comeback of past decades trends because fashion, at this point we are all aware of it, constantly feeds itself in nostalgia. Why do they keep desperately seeking for a new old Céline then?

¿Por qué se empeñan entonces en dar con el nuevo viejo Céline como si hubiese premio para quien lo encuentre?

Why do they keep desperately seeking for a new old Céline then?

¿Daniel Lee? ¿Rok Hwang? ¿Peter Do? ¿Victoria Beckham?

Daniel Lee? Rok Hwang? Peter Do? Victoria Beckham?

Pretender buscar a alguien que reemplace a Phoebe Philo es dar por sentado que el proceso creativo es similar al de una cadena de producción: conoces los pasos, fabricas el producto. Tampoco es justo para todos los candidatos a los que se han aferrado como a un clavo ardiendo. ¿Daniel Lee? ¿Rok Hwang? ¿Peter Do? ¿Victoria Beckham? Repito: ¿Victoria Beckham? Los tres discípulos de la francesa tienen derecho a desarrollar sus carreras sin el peso de la sombra de quien un día fue su jefa. Victoria Beckham lleva construyendo su firma once años. Intentar convertirlos en lo que fue Céline es como tratar de transformar a tu pareja actual en la anterior. No tiene sentido y difícilmente lleva a buen puerto. Por no hablar de que adoptar esa actitud de “a rey muerto, rey puesto” mientras lloran la marcha de la diseñadora es extremadamente incongruente. Si lo piensas bien, además, denota una manera no muy sana de lidiar con la pérdida o con los finales, y estarás de acuerdo conmigo en que la mujer Céline (al margen de quien se ha apuntado al carro a última hora, es de sobra conocido que la legión de seguidoras de Philo siempre se ha caracterizado por tener la mirada y el intelecto afinados) era lo suficientemente madura como para superar esas situaciones sin despeinarse.

Trying to find a replacement for Phoebe Philo is similar to consider the creative process a mechanical one: you learn every step, you develop the product. It’s not fair either for all the designers nominated for the tricky prize. Daniel Lee? Rok Hwang? Peter Do? Victoria Beckham? Let me say it again: Victoria Beckham? Those who worked under the wing of the french designer deserve the right to develop their careers in their own terms. Beckham has been building her brand for eleven years. Pretending their work is the old Céline is like trying to transform your new partner into your ex. It doesn’t make sense and it’ll take you nowhere. Actually, it’s not coherent to adopt that “the king is dead, long live the king” attitude while crying for the loss of a loved figure. If you really think about it, it even shows an unhealthy way of dealing with ends or loss, and it’s not hard to see that the Céline woman (until the massive flow of philophiles which followed the designer’s departure, all had in common a taste as refined as their intellect) was mature enough as to get through hard times hands down.

Comencé hablando de morriña porque no considero que echar de menos sea negativo. Al contrario, es una forma de reconocer que se ha tenido la suerte de vivir algo que de alguna manera te ha hecho feliz. No es un error seguir a @oldceline o a @phoebephilodaily. No está mal si sigue alimentando tu universo. Está mal si te hace sentir el tipo de vacío que viene acompañado de ansiedad. Pero que no se me malinterprete: no creo que nadie haya sufrido una crisis real porque Philo se esté tomando otra temporada sabática, creo simplemente que en el mundo digital el duelo se les ha ido de madre. Que hay que pasar página y recordar los días de la tilde con afecto y admiración.
Ya sabes, menos fashion drama y más fashion morriña porque compañeras philófilas, los días del viejo Céline vivirán para siempre dentro nosotras. Y de nuestro armario.

* A lo largo de todo el artículo se ha escrito Céline con tilde deliberadamente.
* Si Instagram o Pinterest no cubren las exigencias de tu añoranza, en la boutique de Céline de Barcelona todavía puedes contemplar el suelo de mármol en la pequeña habitación de la primera planta donde almacenan las bolsas. De nada.

I started talking about morriña because I’ve never considered missing something as a negative action. On the contrary, missing something is recognizing that you’ve been fortunate enough to experience happines in some way. It’s not a mistake to indulge in the following of @oldceline or @phoebephilodaily. Not as long as it expands your universe, instead of making you feel anxious or miserable. Don’t get me wrong: I’m positive no one has experience an actual crisis because of Philo’s abscense, I’m just stating that the mourning has reached unbereable levels in the digital world. That we should move on and remember the days of the accent mark with dearness and admiration. It’s easy: out with all that fashion drama, in with the fashion morriña because the days of old Céline will live forever inside of us. And our closets.

* The word Céline has been correctly written over and over again along the piece on purpose.

* If you find Instagram and Pinterest unable to solace your yearning, you should know that at the Céline store of Paseo de Gràcia in Barcelona you can still enjoy the marble floor in the tiny room on the first floor they use for housing the bags. You
are welcome.

Menos fashion drama y más fashion morriña porque compañeras philófilas, los días del viejo Céline vivirán para siempre dentro nosotras. Y de nuestro armario.

It’s easy: out with all that fashion drama, in with the fashion morriña because the days of old Céline will live forever inside of us. And our closets.

CREDITS


@raquelfdezsobrin @oldceline @phoebephilodaily

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