Trabajo en la industria de la moda hace 9 años y la verdad que la respeto mucho, no solo porque da millones de empleos por todo el mundo, sino también porque necesitaste tener mucha cultura y mucho conocimiento para trabajar en ella. Como dice Miuccia Prada; “Cualquiera de nuestros asistentes aquí, además de saber de moda, saben de arquitectura, de arte, de música. Otras personas en otros campos sabrán principalmente sobre su propio trabajo. El mundo de la moda está lleno de gente con conocimientos, y creo que atrae la creatividad. Actores, directores, artistas quieren trabajar con la moda”.
Soy Head of International y Model Agent de la mejor agencia de modelos de Colombia y la región Andina, Iconic Models, y estoy muy orgullosa de mi trabajo. Al principio me avergonzaba porque yo había estudiado Relaciones Internacionales y me gustaba mucho la Política, pero ahora estoy orgullosa de mi trabajo y muy feliz. Gano mi propio dinero, tengo libertad y amo mi trabajo, lo cual es algo enorme para una mujer.
I’ve been working in the fashion industry for nine years now, and I have deep respect for it, not only because it provides millions of jobs around the world, but also because working in fashion requires a profound level of cultural and intellectual knowledge. As Miuccia Prada once said: “Any of our assistants here, aside from knowing about fashion, will know about architecture, art, and music. In other industries, people tend to only understand their field. Fashion is full of informed people, and I believe it attracts creativity. Actors, directors, artists they all want to work with fashion.”
Como dice Miuccia Prada; “Cualquiera de nuestros asistentes aquí, además de saber de moda, saben de arquitectura, de arte, de música. Otras personas en otros campos sabrán principalmente sobre su propio trabajo. El mundo de la moda está lleno de gente con conocimientos, y creo que atrae la creatividad. Actores, directores, artistas quieren trabajar con la moda”.
As Miuccia Prada once said: “Any of our assistants here, aside from knowing about fashion, will know about architecture, art, and music. In other industries, people tend to only understand their field. Fashion is full of informed people, and I believe it attracts creativity. Actors, directors, artists they all want to work with fashion.”
Hay algo demasiado interesante en las modelos y es que encontré dosparticularidades muy especiales que me parecen increíbles en un mundo machista y lleno de prejuicios. La primera es que es una de las pocas profesiones donde las mujeres ganan mucho más dinero que los hombres y la segunda es que es una carrera que escoge a las personas y no al revés como la gran mayoría de las profesiones. Para ser modelo debes ser escogida, para ser abogada o lo que sea tú tienes que escoger esa carrera.
Este artículo es sobre el mundo de las modelos, relata la evolución de este trabajodesde las modelos anónimas de los años 40 hasta las famosas TOP models actuales, el enorme cambio en su condición social y cultural y cómo el mundo de la moda crea íconos que conforman parte importante de la cultura pop. Es también un repaso a 50 años en la moda visto a través del cuerpo de las modelos. Voy a contar sobre modelos y fotógrafos como Kate Moss, Peter Lindbergh, Horst, Irving Penn Marisa Berenson, Carla Bruni, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Inès De La Fressange, Cara Delevingne, Linda Evangelista, Bettina Graziani, Jerry Hall, Audrey Marnay, Claudia Schiffer, Twiggy, Natalia Vodianova y más.
When it comes to models, I’ve found two particularly striking aspects of the profession that feel especially subversive in a patriarchal world full of prejudice. First, modeling is one of the rare professions where women earn more than men. And second, it’s a career that chooses you—you don’t choose it, unlike most other professions. You don’t apply to be a model the way you might to be a lawyer. You are selected.
This article explores the evolution of modelingfrom the anonymous muses of the 1940s to today’s world-renowned supermodels. It examines the seismic shift in their social status, and how the fashion industry has shaped them into pop culture icons. It’s also a visual journey through 50 years of fashion history, told through the bodies and faces of its most celebrated women and ph: Kate Moss, Peter Lindbergh, Marisa Berenson, Carla Bruni, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Inès de La Fressange, Cara Delevingne, Linda Evangelista, Bettina Graziani, Jerry Hall, Audrey Marnay, Claudia Schiffer, Twiggy, Natalia Vodianova, and many more.
Para mi los fotógrafos de moda han jugado un papel crucial en la definición de lo que es la moda hoy en día. Han sido capaces de capturar la esencia de la moda y transmitirla al público de una manera que es a la vez atractiva y emocionante. Los fotógrafos de moda no solo toman fotos, ellos crean imágenes que cuentan historias. A través de su lente, han sido capaces de capturar la belleza, la elegancia, la locura y el estilo de la moda.
Fashion photographers, in my opinion, have played a crucial role in defining what fashion is today. They don’t merely take pictures, they craft visual stories. Through their lens, they capture elegance, mood, rebellion, and desire.
De objeto a sujeto: la construcción de la supermodelo moderna
From object to subject: the evolution of the modern supermodel.
Hay muchas particularidades que hicieron que en la época de los 90 las modelos pasasen de ser “objetos” a ser “sujetos”. Cuando recién empecé a trabajar como booker, un día me dijeron que hay personas que nacen con una estrella, y si a eso le sumas consistencia, fuerza para soportar muchos rechazos y mucha disciplina, nace una supermodelo. Porque estoy convencida de que hace falta algo más que belleza para que las supermodelos se hayan convertido en eso.
A lo largo de 60 años el cuerpo y el estatus de las grandes modelos cambiaron radicalmente, modificando a su vez los cánones estéticos de su tiempo.
A lo largo del siglo XX el progreso reemplazó al hombre por la máquina, pero en la industria de la moda sucedió todo lo contrario: antes se usaban maniquíes de tela o madera, llamados stockman, y éstos fueron sustituidos por mujeres de carne y hueso. Otra particularidad de esta gran industria.
Hasta la Segunda Guerra Mundial, ser modelo no era considerado una profesión noble, se asociaba incluso con la prostitución. Pero al finalizar la guerra el anonimato perduró por un tiempo más, aunque el estatus de las modelos empezó a cobrar glamour. Las mejores modelos de ese período supieron adoptar poses hieráticas y aparentar el doble de su edad; el colmo de la elegancia en esa época era parecer toda una señora.
Para finales de los años 30 Francia tenía más de 5.000 modelos y el modelaje se profesionalizó. Las modelos reivindicaron derechos sociales para el gremio cuando Charles de Gaulle presidió el Gobierno Provisional de Francia.
Poco a poco, en plena vorágine de la sociedad de consumo incipiente, con el auge de la fotografía, las revistas de moda y la publicidad, las modelos comenzaron a labrarse un nombre. Era la época de Capucine, pero la gran estrella de ese período se llamaba Bettina Graziani.
Bettina fue la gran estrella del modelaje de los años 50. Encarnaba a la parisina picante y traviesa, con una imagen elegante pero profundamente ligada a su tiempo. Representaba ese espíritu de alta costura juguetona. Todos los creadores y modistas la conocían y la querían; era una verdadera musa, una de las primeras musas de la moda. Los grandes de esa época, como Jacques Fath y más tarde Givenchy, se la disputaban.
Cincuenta años más tarde, Bettina recordó que la base del oficio era ser modelo de patronaje. “Era un trabajo muy exigente, agotador físicamente, había que caminar mucho y pasar mucho tiempo de pie. Los desfiles no eran para 200 espectadores; se celebraban en las casas de costura, en salones íntimos. Cada vestido se anunciaba con un número y desfilábamos muy cerca de la gente para que pudieran tocar las telas. Había una gran intimidad entre el vestido, la modelo y las clientas”.
Bettina se convirtió en la francesa más fotografiada e inspiró a fotógrafos como Horst o Irving Penn. Salió en muchas portadas de revistas como Elle, que estaba empezando como revista de moda, y así se convirtió en una de las primeras Cover Girls.
Pero fue en Londres donde apareció el rostro de finales de los 60. De repente, todo lo anterior se volvió pasado de moda y empezó una revolución con Twiggy. Ella se convirtió en una estrella pop igual que los Beatles o los Rolling Stones. Simbolizó la sed de cambio de una nueva generación de jóvenes en todo el mundo, tanto en Estados Unidos con Woodstock como en Francia con mayo del 68, una generación que descubrió el LSD, la píldora anticonceptiva y el derecho al aborto.
En los años 60 se descubrió un nuevo tipo de cuerpo: muy delgado, plano, sin busto, sin caderas, sin pechos, con un estilo increíblemente moderno. Twiggy fue más que una chica guapa, era distinta, un tanto asexual pero con cara de niña, un tanto erótica.
Hasta entonces la misión de las modelos era realzar las prendas.
La primera modelo en posar desnuda para la edición americana de Vogue fue Marisa Berenson, una aristócrata de Nueva York, nieta de Elsa Schiaparelli, la gran rival de Coco Chanel en el período de entreguerras. Para mí este shooting fue una de las primeras impresiones de la liberación del cuerpo. Los años 60 y 70 fueron una época de gran liberación donde las mujeres conquistaron una libertad de espíritu y se volvieron muy independientes. Querían existir por su cuenta y riesgo. Era la época del flower power.
Mientras tanto, en St. Tropez, el agente de modelos Claude Haddad descubrió a Jerry Hall, quien se convirtió en la musa de Antonio López y Helmut Newton y en la IT GIRL de los años 70. Jerry reactivó la fantasía hollywoodiense de los años 40 al estilo de Veronica Lake y superó todos los récords, llegando a ganar más de 1.000 dólares diarios, una cifra histórica en su momento. También se casó con Mick Jagger, quien le dedicó la canción “Miss You”.
Durante esta época la moda se convirtió en un foro de representación de las mujeres negras, gracias a la pionera Beverly Johnson. Después llegaron Iman, esposa de David Bowie, y la exuberante Pat Cleveland. En Francia, Yves Saint Laurent hizo desfilar a muchas modelos negras, especialmente a Katoucha, conocida como la Princesa Peul.
Inés de la Fressange, con su 1,81 m de altura, fue otra IT GIRL de esos años. Desfiló para todos los grandes modistos de finales de los 70 con su actitud irreverente y su gran presencia. El gran giro de su carrera llegó gracias a Karl Lagerfeld, que tomó las riendas de la casa Chanel a principios de los 80 y buscaba una modelo que encarnara el espíritu de la firma.
Inés fue una de las primeras modelos que firmó un contrato de exclusividad por 7 años, algo muy poco común en esa época. Era la modelo mejor pagada del mundo, con un salario de 300.000 dólares al año, y se convirtió en embajadora mundial de la casa Chanel. Para mí reunía condiciones muy raras: una silueta andrógina, mucha clase, elegancia aristocrática, inteligencia e irreverencia. Fue una alquimia difícil de repetir y su fama llegó a superar incluso a la de Chanel.
Como suele suceder en un mundo bastante machista, no se salvó de preguntas banales y sexistas. En una entrevista dijo que le sorprendía la violencia simbólica hacia las modelos: “En cuanto se enteran de que eres modelo creen que solo tienes que ser guapa y callarte o que solo comes ensalada. Es una suerte poder ganarse la vida con ello. Nuestro trabajo no consiste en hablar; a un camarógrafo tampoco le pagan por hablar y nadie se lo reprocha”.
Un día decidió emanciparse de Chanel y por ello Karl Lagerfeld la despidió.
En esa misma época, Jean Paul Gaultier hizo desfilar a modelos con físicos atípicos como Farida Khelfa o Mathilde May. Fue algo positivo, porque la gente siempre está condicionada al juzgar lo distinto. Si miráramos con más espontaneidad encontraríamos belleza en muchos lugares donde normalmente no miramos. Para mí hay mucha belleza en la imperfección. No hay nada más aburrido que lo perfecto y lo igual.
Mientras tanto, aunque París seguía siendo la capital de la moda, las nuevas normas para el cuerpo femenino llegaron de California: modelos atléticas, amantes del mar y del sol. Estas modelos, conocidas por sus portadas en Sport Illustrated y revistas femeninas, se convirtieron en las IT GIRLS del momento: Christie Brinkley, Elle Macpherson, Stephanie Seymour y, sobre todo, Cindy Crawford. Encarnaban a la chica sana, la chica que ama su cuerpo, llena de energía, libre, que reivindica la figura del americano saludable.
En los años 80 se produjo una glorificación inédita del cuerpo. En todo el mundo, la gente empezó a ir al gimnasio, y los gimnasios se convirtieron en un auténtico boom. Tener un cuerpo deportivo, ser una mujer trabajadora con una profesión que te guste y competir en igualdad de condiciones con los hombres se convirtió en el dogma de la década.
Las mujeres, vestidas con traje sastre y hombros más anchos que los de muchos hombres, se adueñaron del espacio social y profesional. Este culto al éxito dio origen a un fenómeno nuevo: las supermodelos.
Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Elle Macpherson, Christy Turlington, Carla Bruni, Esther Cañadas, Valeria Maza, Gisele Bündchen y Kate Moss encarnaron este nuevo ideal.
In the 1990s, something remarkable happened: models transitioned from being seen as “objects” to being viewed as “subjects.”
When I first started working as a booker, someone told me that some people are born with a star. Add consistency, resilience, and discipline, and a supermodel is born. Beauty alone is never enough. It takes much more.
Over six decades, both the bodies and the status of major models transformed radically, reshaping society’s beauty standards along the way.
While the 20th century often replaced humans with machines, fashion did the opposite. Wooden mannequins gave way to flesh-and-blood women — a uniquely human shift in an increasingly mechanized world.
Until World War II, modeling wasn’t considered respectable. It was often associated with prostitution. After the war, perceptions slowly changed. Anonymity lingered, but glamour began to grow. Models adopted regal, statuesque poses, appeared older than their age, and embodied a severe, ladylike elegance.
During the early consumer boom, photography, advertising, and magazines finally gave models names and faces. This was the age of Capucine — and above all, Bettina Graziani.
Bettina became the sparkling star of 1950s modeling: elegant, mischievous, and unmistakably Parisian. She was couture’s favorite muse, courted by designers like Jacques Fath and later Hubert de Givenchy.
Decades later, she described the job:
“It was demanding and physically exhausting. We walked for hours and spent entire days standing. Shows weren’t for 200 people. They happened in couture salons, in intimate rooms. Each dress had a number. We walked very close to clients so they could touch the fabric. It felt like theater — tense and magical.”
Her fame exploded. She became the most photographed woman in France and appeared on the cover of the young Elle magazine, becoming one of fashion’s first true cover girls.
By the late 1930s, France already had more than 5,000 professional models. Under Charles de Gaulle’s provisional government, they began demanding labor rights, marking the profession’s early steps toward recognition.
Then London changed everything.
Twiggy appeared — and suddenly the past looked outdated. Like The Beatles or The Rolling Stones, she became a pop icon. She embodied the revolutionary energy of the late ’60s: Woodstock, May ’68, the birth control pill, and the fight for reproductive rights.
Her body defined a new aesthetic: slim, flat-chested, androgynous, almost childlike yet subtly erotic.
Until then, models existed mainly to enhance clothes.
Marisa Berenson broke that logic. An aristocrat and granddaughter of Elsa Schiaparelli, she posed nude for American Vogue — one of the first symbolic gestures of bodily liberation. The ’60s and ’70s were about freedom: sexual, spiritual, and cultural. Women wanted independence on their own terms.
Meanwhile, in St. Tropez, scout Claude Haddad discovered Jerry Hall. She became a muse to Antonio Lopez and Helmut Newton, embodying bombshell Hollywood glamour. She earned over $1,000 a day — a record at the time — and later married Mick Jagger, who dedicated “Miss You” to her.
This era also marked a turning point for Black representation in fashion. Beverly Johnson opened doors, followed by Iman and, in France, Katoucha, Yves Saint Laurent’s “Peul Princess.”
Inès de La Fressange emerged as another icon. With her height, elegance, and aristocratic irreverence, she perfectly captured the Parisian spirit.
Karl Lagerfeld chose her as the face of Chanel and signed her to an unprecedented seven-year exclusive contract. She became the highest-paid model in the world and a global ambassador for the brand — sometimes even more famous than the house itself.
Still, she wasn’t spared the industry’s sexism.
“People become aggressive when they learn you’re a model,” she said. “They expect you to be pretty and silent… but why should beauty be shameful? We don’t get paid to talk. A cameraman doesn’t either.”
Eventually, she chose independence. Lagerfeld fired her.
At the same time, Jean Paul Gaultier challenged conventions by casting models with unconventional looks like Farida Khelfa and Mathilde May, reminding audiences that beauty often lies in imperfection. Nothing is more boring than uniform perfection.
By the late ’80s, a new influence arrived from California: athletic, sun-kissed, energetic bodies. Christie Brinkley, Elle Macpherson, Stephanie Seymour, and especially Cindy Crawford embodied health, confidence, and freedom.
The decade embraced gyms, power dressing, and corporate ambition. Women entered professional spaces in force — sometimes wearing shoulder pads wider than a linebacker’s.
From this climate emerged the supermodels: Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Christy Turlington, Elle Macpherson, Carla Bruni, Gisele Bündchen, and, of course, Kate Moss.
Ya no eran solo modelos. Eran figuras culturales.
They weren’t just models anymore.
They were cultural figures.
Nacimiento de la era de las supermodelos: de la pasarela a la cultura pop
The birth of the supermodel era: from runway to pop culture
El origen del fenómeno de las supermodelos estuvo marcado por el fotógrafo alemán Peter Lindbergh. En enero de 1990, creó una de las portadas más icónicas de Vogue Inglaterra, seleccionando a modelos que comenzaban su carrera: Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Christy Turlington y Tatjana Patitz. En estas fotos, al natural y centradas en ellas más que en la ropa, Peter cristalizó una época que nadie imaginaba.
Esa portada histórica marcó el nacimiento de las supermodelos y generó una sinergia inmediata: George Michael, al verla, contrató a las cinco para su videoclip de “Freedom”; Gianni Versace las invitó a desfilar juntas mientras sonaba la canción en su desfile de Milán. Pocos meses después, las modelos se incorporaron a la cultura popular.
Ese mismo año se sumó Claudia Schiffer, comparada con Brigitte Bardot, principal figura de un grupo de modelos alemanas descubiertas por Lindbergh, junto a Tatjana Patitz, Nadja Auermann —con 108 cm de piernas— y Heidi Klum. La mayoría estaban representadas por la agencia Elite Models, que manejaba tarifas muy altas y disparaba sus carreras. Como dijo Linda Evangelista: “No me levanto de la cama por menos de diez mil dólares diarios”.
Fue un periodo de explosión del glamour, hasta que llegó Kate Moss. Con su estilo natural y apariencia “anti-supermodelo”, rompió con el ideal glamuroso de los 80 y se convirtió en el rostro del movimiento “Heroin Chic”. Kate es un ícono cultural, musa de generaciones, y su belleza natural, magnética y misteriosa transformó la percepción de la moda. Su autenticidad y estilo desenfadado inspiraron a diseñadores como Alexander McQueen, Marc Jacobs, Stella McCartney y John Galliano, y le permitieron lanzar sus propias colecciones y liderar su agencia de modelos.
En los años 90 también destacaron Kirsten Owen, Kristen McMenamy y Stella Tennant. Las modelos cambiaron porque surgieron nuevos creadores como Martin Margiela, Helmut Lang, John Galliano y Alexander McQueen, que buscaban cuerpos menos ostentosos y más en línea con sus visiones innovadoras. El ejemplo de Kate Moss allanó el camino para nuevas modelos como Audrey Marnay y muchas otras, mientras los diseñadores exploraban estéticas más macabras, ambiguas y provocadoras.
German photographer Peter Lindbergh launched the supermodel phenomenon with his now-iconic 1990 Vogue UK cover, featuring Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Christy Turlington, and Tatjana Patitz. The images were natural, focused on the models rather than the clothes, and captured the spirit of a new era.
That same year, George Michael saw the cover and cast them all in his Freedom! video. Gianni Versace also made them the highlight of his Milan show. The supermodel era had officially begun.
Claudia Schiffer, often compared to Brigitte Bardot, joined soon after. Along with other German models like Nadja Auermann and Heidi Klum, she helped take the movement global. Most were represented by Elite Models, commanding record-breaking fees. As Linda Evangelista famously said: “We don’t wake up for less than $10,000 a day.”
Then came Kate Moss. With her natural aura and “anti-supermodel” appeal, she broke the 1980s glam mold. Kate became an icon of authenticity, creativity, and effortless style, collaborating with designers from Alexander McQueen to Stella McCartney. She reshaped how the industry views femininity, individuality, and imperfection.
The late ‘90s also welcomed Kirsten Owen, Kristen McMenamy, and Stella Tennant. Designers like Martin Margiela and Alexander McQueen sought unconventional bodies to match their avant-garde visions, pushing fashion toward new aesthetics.
Curvas, íconos e inspiración: redefiniendo la belleza y la individualidad
Curves, icons, and inspiration: redefining beauty and individuality
Laetitia Casta apareció como la anti-Kate Moss: con curvas, más baja que la mayoría de las modelos de su época, y un estilo que rompía con el canon de delgadez extrema. En un momento en que todas las modelos eran muy delgadas, Laetitia reivindicaba la feminidad, la sensualidad y una sexualidad armoniosa, mostrando que la belleza podía ser apasionada y liberada.
Desde los 2000, las modelos se han vuelto más anónimas dentro de la industria. Las grandes casas de moda prefieren que sus rostros no eclipsen el producto, eligiendo figuras muy altas, delgadas y planas para los desfiles. Aun así, a veces surgen modelos con personalidad y rasgos distintivos, como Natalia Vodianova o Irina Shayk, que logran destacar dentro de la industria.
Kate Moss sigue siendo, para muchos, la gran modelo de los 2000. Su misterio, su silencio y su estilo effortless de rock star la han convertido en un ícono de la moda. Siempre libre y natural, demuestra que la autenticidad y la actitud importan tanto como la belleza física. Como ella misma dijo:
“You can be a pretty face, but if you’re not a nice person, it just doesn’t work. I’m not traditionally a beauty, but apparently people think I’m all right. If you’re a nice person, it definitely helps.”
Estoy muy agradecida con la industria de la moda, porque me inspira a encontrar belleza y energía en todo: en personas, películas, música, la naturaleza… en lo imperfecto. Todo comienza con la ambición de observar el mundo que te rodea, acercarte a lo que amas y permitir que eso crezca. Se trata de abrir la mente, recibir sin condiciones y así poder dibujar tu propia imagen más grande.
Laetitia Casta, with her soft curves and photogenic presence, represented a counterpoint to the waif look. She embraced her femininity and introduced a richer, more passionate vision of womanhood.
By the 2000s, models became more anonymous. Fashion houses increasingly sought blank canvases that wouldn’t outshine the garments. Exceptions like Natalia Vodianova, whose Cinderella story still captivates, were rare.
And yet, Kate Moss remained. Silent, enigmatic, and unforgettable. As she once said:
“You can be a pretty face, but if you’re not a nice person, it just doesn’t work… If you’re a nice person, it definitely helps.”
I am very grateful to the fashion industry, because it has inspired me to see the world differently. Inspiration can come from anything that brings energy into a space: a conversation, a movie, music, nature… the beauty of imperfection.
It all begins with the ambition to connect with the world around you, to discover who you want to be through what you love—and allow what you love to grow. Cultivate an open mind, observe and receive unconditionally, and you can draw your bigger picture.
SIGUE SOLO LA BELLEZA Y OBEDECE SOLO AL AMOR.
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