Escribo sin haber podido ver directamente las obras que Charo Costa expone en Tierra.
Las he apreciado a distancia, en este entorno online que tanto nos acerca y, al mismo tiempo, tanto nos aleja de la percepción directa, de la reciprocidad, de la respiración entre la obra y el espectador… Son miradas desde la distancia, desde el Silencio con una voz lejana, y desde los Paisajes ausentes.
Así ha titulado Charo las tres obras que se presentan en esta exposición: Silencio 1, Silencio 2 y Paisaje ausente, que pueden verse en Tierra.
Costa utiliza el papel no solo como soporte, sino como técnica en sí misma:
“Por la espontaneidad que refleja, juego con la ambigüedad de su estado y su vacío”.
Sus obras establecen una relación íntima con la naturaleza, con los paisajes que habita, con la memoria personal.
Conociendo trabajos anteriores suyos —como Fragmentos, expuestos en La Galería del Mar, Las Negras (Almería, diciembre de 2018)—, resuena en mí una melodía de suavidad, de sutileza… Por eso, Silencio 1 y Silencio 2 me desconcertaron en un primer momento.
El color oscuro, intenso, dramático de estas dos piezas transmite un halo de agresividad, de tristeza… y también de catarsis.
Charo expresa su sentir “cuando la vida está marcada por la enfermedad y la tragedia” (la pandemia, la soledad, una naturaleza maltratada).
Pero estos silencios me han hablado y me han susurrado inquietud.
Paisaje ausente se acerca más al registro de sus obras anteriores, aunque también percibo en ella una carga emocional. La obra encuentra un soporte sobre el cual apoyarse, un espacio donde descansar, donde rendirse a la Pacha Mama.
La creación nos libera, nos salva.
Dar vida a través del arte nos reinventa, nos redime.
Abrazar la tierra nos acoge, nos envuelve.
Estas miradas desde la distancia nos rescatan de la lejanía.
— Alina Iraizoz
Alina Iraizoz es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado para diversos medios escritos, tanto españoles como internacionales.
Ocupó la Jefatura de Prensa del Ballet Nacional de España bajo la dirección de María de Ávila (1983–1984).
En octubre de 1984 se incorporó como redactora al programa Metrópolis (La 2, TVE), donde trabajó durante 24 años, y del que fue directora entre 1998 y 2008.